El Ente Cultural de Tucumán y la familia de la artista condenaron las expresiones de Enzo Ferreira, coordinador de Radio Nacional Tucumán, calificándolas de agravio a la memoria y los valores democráticos.
La figura de Mercedes Sosa, símbolo universal del folklore y la resistencia cultural argentina, se encuentra en el centro de una profunda polémica tras conocerse los insultos emitidos por Enzo Ferreira, actual director de Radio Nacional Tucumán. El funcionario calificó a la cantautora como “gorda comunista” y “un cáncer”, lo que desató una inmediata ola de repudio por parte de organismos estatales, sectores culturales y la propia familia de la artista, quienes consideran que estas expresiones no solo ofenden la memoria de Sosa, sino que constituyen un ataque directo a la identidad cultural y los derechos humanos.
El conflicto escaló luego de que, en el marco del 24 de marzo, se viralizaran videos de Mercedes Sosa criticando la realidad social durante la última dictadura militar. En respuesta, reflotaron publicaciones de Ferreira en redes sociales con términos altamente despectivos. Ferreira, un joven influencer y puntero libertario que ocupó el quinto lugar en la lista de La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones legislativas de 2025, ostenta hoy un cargo de relevancia institucional en la radio que, paradójicamente, lleva el nombre de la artista en su sede tucumana.
El Ente Cultural de Tucumán emitió un comunicado oficial manifestando un “enérgico repudio”, señalando que tales discursos de odio son inaceptables en funcionarios públicos. Por su parte, Maby Sosa, sobrina de la cantante y comunicadora, expresó su profunda angustia ante la “clara intención de desprestigiar” a una figura que trasciende ideologías y fronteras. La familia confirmó que se encuentra buscando asesoramiento legal para abordar el accionar del funcionario ante la justicia.
Este episodio refleja una preocupante validación de la violencia simbólica desde el Estado. La utilización de términos como “cáncer” para referirse a una opositora política o figura cultural retrotrae el debate público a épocas de intolerancia que la democracia argentina busca superar. Mercedes Sosa no es solo una intérprete; su legado está intrínsecamente ligado a la defensa de los derechos humanos y la visibilización de las injusticias sociales en América Latina.
El caso pone a prueba los límites de la libertad de expresión frente a la responsabilidad institucional. Mientras el Ente Cultural convoca a una reflexión colectiva sobre el respeto y la diversidad, la permanencia de Ferreira al frente de un medio público —cuya misión es la pluralidad y el servicio a la comunidad— queda bajo un fuerte cuestionamiento ético y social.
